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Testimonio de una cooperante. "La mujer sin rostro" por Raquel del Toro Alonso


Testimonio de una cooperante.

Es en República Dominicana donde se venden, por muchas tiendas de Santo Domingo y lugares turísticos, "las muñecas sin rostro"; así se llaman y son el reflejo del paso de todos los pueblos y civilizaciones que han hecho que esas mujeres perdieran el rostro, poco a poco, acabando con su dignidad.

Mi nombre es Raquel y me dedico a la profesión más bonita del mundo que es la de cuidar a los demás; una profesión que no tiene límites ya que se puede cuidar en un país pobre, en uno rico, desde el nacimiento y hasta en la muerte. Este verano he tenido la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable y enriquecedora a nivel personal y profesional. La Fundación para el Desarrollo de la Enfermería con su proyecto "Vacaciones Solidarias" me permitió viajar a República Dominicana.

El lugar donde me alojé fue Sabana Grande de Boyá; un municipio en la región de Monteplata que jamás olvidaré. A la experiencia sanitaria se unió la experiencia de vivir en el "Hogar Mundo Feliz", un hogar que pertenece a las Hermanas Misioneras del Corazón de Jesús. Al frente de todo ello está Sor Alta Gracia; una persona entrañable que saca adelante a más de treinta niñas huérfanas, con problemas familiares o de abandono y a más de treinta ancianos haitianos sin recursos, la mayoría de ellos abandonados en los Bateyes.

Por la mañana íbamos al hospital de Sabana; un hospital pequeño donde pudimos observar e involucrarnos en la labor de nuestras compañeras enfermeras de allí. Pronto conocimos al director del hospital, a la supervisora, a las enfermeras, a los médicos y al resto de personal.

La mayoría de las enfermeras dominicanas tienen un nivel técnico, son auxiliares; y las pocas licenciadas que hay en el país se dedican a la gestión. En el hospital pudimos estar en urgencias, en la hospitalización, en las consultas... y con ello valorar las necesidades, las diferencias culturales y la problemática del país, siempre desde el máximo respeto.

Estuvimos en los bateyes; comunidades de haitianos que viven en unas condiciones paupérrimas sin las necesidades básicas ni mínimas, y con ello tuvimos conocimiento del "problema haitiano" en la República Dominicana. Otra sociedad diferente con otra cultura y otras necesidades. Fuden desarrollaba allí uno de sus proyectos, y tuvieron la alegría durante nuestra estancia de que se les notificara que el proyecto se iba a reiniciar próximamente.

Por las tardes vivíamos vida Dominicana; tuvimos que cambiar nuestras ganas de no parar y de querer no dejar de hacer cosas, por el día a día real de allí. Todo el pueblo nos saludaba al pasar, toda la gente nos respetaba y todas las familias nos abrían las puertas de sus casas para compartir lo mucho o poco que tienen, eso sí, siempre a ritmo de bachata o merengue o con el ruido de los motoconchos de fondo.

Dejar Sabana fue duro por la cantidad de cosas bonitas que viví allí, pero lo mejor de todo es lo que me llevo conmigo. El conocer a montones de niñas y mujeres con un rostro precioso, un rostro marcado por la sonrisa a pesar de los problemas y necesidades; el conocer a los dominicanos, una sociedad muy diferente con unos problemas muy diferentes y darse cuenta de que es posible ser feliz de muchas formas y que jamás hay que perder la dignidad ni dejar que te borren el rostro. Doy las gracias a la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería por haberme dado esta maravillosa oportunidad y por estar cambiando la vida de muchas personas con este proyecto y otros.