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"La profesionalización de enfermeras en Nicaragua permite avanzar en los Objetivos del Milenio"


Las enfermeras españolas Carmen Cantabrana y Rosa Carracedo han viajado recientemente a Nicaragua para realizar un seguimiento del programa de apoyo a la profesionalización de enfermeras en el país centroamericano, que Fuden Cooperación Enfermera está llevando a cabo en colaboración con el ayuntamiento de Madrid.

Durante su estancia en Nicaragua, las dos cooperantes de FUDEN han realizado un seguimiento del programa de formación continuada de los profesores de las escuelas de enfermería implicadas en la iniciativa. Entre otras tareas, han impartido un taller de metodología docente y han elaborado un manual sobre el tema. También se han reunido con las directoras de los centros que participan en el programa para reflexionar sobre el impacto de género derivado de la formación de las mujeres y evaluar la incidencia de la formación de las enfermeras en la reducción de las cifras de mortalidad materna en Nicaragua. Por último, también entregaron las becas a los alumnos participantes y visitaron las escuelas donde estudian.

Sobre el trabajo realizado en Nicaragua hemos hablado con la enfermera Carmen Cantabrana, quien realiza un balance positivo del trabajo realizado. "Tanto Rosa como yo teníamos una misión, dos semanas para cumplirla y vinimos con ella realizada… Se impartieron los talleres, se repartieron las becas, se trajeron las listas, las fuentes de verificación, toda la documentación necesaria. La gente está muy contenta, por lo menos así lo expresaron en las evaluaciones que hicimos de los talleres. Lo que piden es que se replique en las escuelas para que todos los docentes participen y compartan el modelo pedagógico".

¿Cuáles han sido los objetivos del viaje realizado a Nicaragua junto con Rosa Carracedo?
Cada una teníamos unas actividades y una tarea encomendada, por lo que nos repartimos el trabajo. Aunque las dos nos apoyamos mutuamente, en Rosa recayó el reparto de becas a los alumnos y traer las fuentes de verificación precisas de las enfermeras que han participado en el proyecto. A mí me correspondió la parte metodológica, de formación del profesorado. Las escuelas de enfermería que están participando en la profesionalización tienen unos docentes que deben actualizar sus conocimientos, sus recursos pedagógicos, su metodología, el trabajo en equipo… Entonces yo desarrollé esos talleres, escribí la guía metodológica y luego los impartí. Me puse a disposición de todos los docentes y llevamos a cabo la actividad formativa en Managua, hasta donde los profesores se desplazaron una semana para recibir las clases, que tuvieron lugar en las instalaciones del Politécnico de la Salud (Polisal) de la Universidad Nacional de Nicaragua (UNAN).

¿Cuáles fueron los contenidos del taller y de la guía metodológica? ¿Qué ideas ha tratado de transmitir a los docentes?
Sobre todo el objetivo era aprender a enseñar. No es que no sepan enseñar. De hecho todos son profesores, son licenciados en enfermería, con sus maestrías en docencia, pero ahora hay que basar la enseñanza en un enfoque más centrado en el alumno y menos en el profesor, que no es el protagonista de la enseñanza, sino que es el estudiante, quien debe formar parte del equipo docente y, de alguna manera, participar en todo los aspectos relacionados con cada asignatura. Entonces propusimos un cambio de concepto, en el que el profesor sea un tutor y no alguien que imparte clases magistrales dirigidas a un alumno pasivo, que solamente se evalúa con examen y pocas veces se valoran otras cuestiones como la comprensión de lo que se está impartiendo. Profundizamos en el tema de metodología de la participación del alumno, de objetivos del aprendizaje, de técnicas de grupos, cómo dinamizar, cómo motivar a los estudiantes, cómo evaluar. Fue un taller muy amplio. Empezamos con las propias docentes, analizando su propio proceso de enseñanza-aprendizaje, que cada uno reflexionó y evaluó. Luego se hizo un trabajo de grupo y vimos los puntos débiles y fuertes. Por supuesto, ellos tienen allí muchas fortalezas pero también empezaron a detectar los puntos en los que podían mejorar. Comprendieron que trabajaban de forma muy unidireccional. Allí prácticamente para organizar una asignatura, los contenidos, la manera de impartirla, para nada se cuenta con el alumno, que nunca participa y casi no interviene, no puede introducir cambios.

¿Cuál es el sistema de enseñanza de la enfermería en Nicaragua?
La enfermería, como en todos los países, cuenta con una parte teórica y otra práctica. Eso es así en todos lados. La teoría está bien impartida, tal vez demasiada clase magistral para mi gusto y pocos trabajos participativos de los alumnos. Al estudiante hay que enseñarle desde el principio a trabajar en equipo, porque luego la enfermería es un trabajo en equipo. Entonces hay que aprender también en equipo. Los alumnos de manera individual poco tienen que hacer. Ahí chocamos con que disponen de pocos textos, no tienen el acceso a internet que quisiéramos, en definitiva carecen de las ventajas que nosotros podemos tener en un país desarrollado. Y luego, nos vamos a la parte práctica. ¿Qué pasa? Pues que tienen pocos medios para desarrollar una práctica de calidad. Los grupos son demasiado grandes, los alumnos no tienen demasiado tiempo para repetir las técnicas, ni materiales para ello, lo que dificulta el proceso de enseñanza y aprendizaje.



Escuela Universitaria de Enfermería de Managua
(UNAM)


Durante las clases, ¿cuáles eran las impresiones que transmitían las docentes?
En general, la gente de Nicaragua es bastante abierta y enseguida se presta. Les planteé que no iba a ser un taller en el que iba a hablar yo sola, para no reproducir el mismo error metodológico. Yo quería transmitir el ejemplo de la figura que me parece ideal para dar clases a alumnos de enfermería, por lo que empecé a trabajar con dinámicas de grupo. A veces primero se hace un trabajo individual, luego se pone en común, hay un portavoz que expone los temas y los grupos además discuten, empezando por las expectativas que se traen al curso y acabando por cualquier otro asunto de liderazgo o trabajo en equipo. Incluso les pregunté si sabían las expectativas de los alumnos cuando comienzan la carrera de Enfermería, porque es importante saber de dónde partimos. Y ellos no chequean eso. Empezamos a trabajar desde ahí. Les pregunté si les parecía que yo diese por hechas sus expectativas o preferían plantearlas y ver si a lo largo del curso se iban cumpliendo. Fue un inicio bastante interesante, porque a partir de ahí ya hubo una participación completa. Ellos mismos demandaban que fueran trabajos de reflexión para revisar cuál era su estilo de enseñanza y aprendizaje para ver dónde podrían ir cambiando.

En cuanto a la reunión que mantuvisteis con las directoras de las escuelas de enfermería, ¿cuáles fueron sus principales conclusiones?
Sobre todo hablamos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cómo ha incidido el proyecto en su cumplimiento, sobre todo en la disminución de la mortalidad materna y en el enfoque de género, si habían detectado que el colectivo femenino, de alguna manera, había llegado a un punto de libertad, de mínima igualdad, de tomar decisiones, de oportunidades. Ellas estaban muy contentas por los dos motivos. Por una parte, la mortalidad materna, las últimas mediciones que habían hecho, a pesar de que eran un poco atrasadas, incluso el MINSA las publica con mucho retraso, sabían que habían disminuido, comparando las cifras de su hospital, del año pasado a éste. Ellas, parte de esa disminución, la atribuyen al curso y a las actuaciones que se han venido dando con FUDEN. Respecto al rol femenino, aseguraban que clarísimamente todas las alumnas que se profesionalizan automáticamente mejoran la autoestima y se produce un cambio en sus hogares, que es realmente donde queremos que haya una libertad y una participación de la mujer en la vida, no sólo relegada al hogar y a la reproducción y al trabajo. Tras formarse, las enfermeras ya se ven con una capacidad, ganando más dinero, con un mayor estatus como licenciada en enfermería. Llegan así con el marido a un entendimiento sobre igualdad, sobre compartir trabajo. De alguna manera los cursos suponen una fortaleza para el colectivo femenino, que aumentan sus posibilidades a nivel laboral, se convierten en personas que pueden ir desempeñando otro tipo de trabajos y funciones.

¿Es necesario invertir en recursos para apoyar este tipo de profesionalización?
Eso está clarísimo. En las escuelas hacen falta muchísimos medios. Hay centros que están realmente ruinosos. Nos decían que si las alumnas compran leña para hacer fuego, para cocinar, no tienen para comida y si compran comida no tienen para leña. Vas por las escuelas y ves que hay una habitación con una mesita, unas bolsitas de comida que se compran en el día y un hornillito. Con eso se apañan.

¿Cuál es el perfil de los alumnos que reciben las becas?
Las becas son para los alumnos, para que se puedan comprar sus textos, para que se puedan mantener el tiempo que están estudiando. Es un perfil peculiar, porque todas estas personas que han hecho profesionalización ya están trabajando en el sistema público de salud, ya están cobrando un salario. Estudian en su tiempo libre porque no pueden dejar de trabajar, no pueden dejar de percibir ese salario. Se esfuerzan, a expensas de sus horas, de su dinero y de las tareas del hogar… Son personas muy motivadas para conseguir profesionalizarse. No son estudiantes recién salidos del bachillerato que empiezan una carrera. Al contrario, ya conocen el mundo laboral, el mundo personal de la familia y además se están profesionalizando. Yo les decía a los docentes que tenían mucha suerte porque se encuentran a unos alumnos a los que la motivación solamente hay que mantenérsela, porque a lo largo de los tres años es muy duro seguir, tienen a veces gente mayor a su cargo, tienen niños, se ponen malos, no pueden ir a las prácticas… El salario les da apenas para vivir. Con el dinero que ganan no se pueden pagar la profesionalización, nunca la hubieran hecho porque sus recursos económicos los destinan a la familia, la casa y la canasta básica, como dicen ellos, y a veces no les llega. De ahí la importancia de las becas y de proyectos de profesionalización como el que estamos llevando a cabo en Nicaragua.

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