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Día de la Enfermería 2015: Nuevos tiempos para la enfermería

Nuevos tiempos para la enfermería

Amelia Amezcua

Directora de FUDEN

Día de la Enfermería 2015: Nuevos tiempos para la enfermería

Un nuevo 12 de mayo asoma en nuestro calendario: Día Internacional de la enfermería del 2015. Puede que muchos compañeros, arrastrados por la retórica quejica y fatalista que impregna el día a día en la mayoría de los ámbitos de trabajo enfermero, pronuncien aquello de ¿y qué tengo que celebrar, si cada vez estamos peor? O llenen sus blogs y las redes de comentarios sobre expectativas truncadas y reivindicaciones insatisfechas. Y tengo que decir que, si bien no les falta razón por las circunstancias socioeconómicas vividas en los últimos cinco años de profesión (el paro, la precariedad laboral, la fuga de enfermeros, los recortes de plantilla, las bajadas salariares, prolongaciones de jornada, conciliación con la vida personal…) creo que este estado anímico colectivo es el menos apropiado para superar cualquier situación. Anclarse en la queja y la desconfianza, no sólo es el peor remedio para afrontar el futuro y explorar nuevas posibilidades y estrategias, sino que además, focaliza el problema en los déficits estructurales, es decir en causas externas que nos vienen impuestas (la dichosa crisis económica mundial) y sobre las que, por tanto, no nos sentimos capaces de actuar y optamos por abandonarnos en esa inercia donde todo son incertidumbres.

Si algo nos ha caracterizado como colectivo a los enfermeros, es esta capacidad de transformación y superación que se sustenta en nuestro amplio perfil competencial, en nuestra vocación de servicio público y en nuestro saber hacer en pro de la salud de la población

Pero la realidad es mucho más compleja y por suerte mucho más dinámica y, más allá de los factores estructurales que condicionan nuestra situación, somos un colectivo con muchos recursos y potencialidades que nos harán evolucionar hacia unos horizontes profesionales mucho mejores. Es cierto que nos han recortado nuestros salarios y por tanto nuestro “capital físico”, pero tenemos una formación, unas cualificaciones, unas competencias y una posición privilegiada dentro del sistema sanitario para la identificación de necesidades y demandas de salud, que nos dota de un enorme “capital humano y social”. Debemos alejarnos de visiones anacrónicas y obsoletas de analizar el futuro desde el determinismo económico y circunstancial, y no minusvalorar nuestra capacidad como actores sociales, es decir, como colectivo profesional con una voluntad decidida y una capacidad manifiesta, de elaborar estrategias de respuesta y adaptación ante estos cambios impuestos. Si algo nos ha caracterizado como colectivo a los enfermeros, es esta capacidad de transformación y superación que se sustenta en nuestro amplio perfil competencial, en nuestra vocación de servicio público y en nuestro saber hacer en pro de la salud de la población.

Percibamos la situación actual de crisis e incertidumbre como una estación en el tiempo para la transformación y el cambio para la profesión, que es lo que realmente está ocurriendo

Decía el nobel de economía Amartya Sen, que la pobreza no debe medirse sólo según el acceso a bienes materiales y sociales, siendo preciso que los individuos tengan la capacidad para utilizarlos; y esta misma reflexión debemos hacer sobre nuestro futuro profesional. Hay pobreza, hay crisis sí; pero los enfermeros no hemos agotado nuestra capacidad para utilizar los nuestros conocimientos y competencias ni para transformarnos y asumir nuevos roles. Es cierto que la crisis económica ha sido una losa para nuestras condiciones retributivas y de trabajo pero no es menos cierto que no ha impedido nuestro ascenso en el desarrollo profesional. El acceso al grado, máster y doctorado, el desarrollo de las especialidades de enfermería, la normalización de nuevos ámbitos de competencias como la prescripción enfermera, son sólo algunos de los hitos históricos alcanzados en estos últimos cinco años de crisis cuya consecución sólo ha sido posible gracias a que hemos optimizado y proyectado nuestras posibilidades, en pos de obtener un mayor bienestar profesional, ante una situación económica adversa. 

Tenemos todos los recursos y las potencialidades, todo el capital humano y social como para en los próximos años ocupar, el lugar que nos merecemos

Así que, no silenciemos estos hechos, no ahoguemos en la frustración estas conquistas alcanzadas y concedamos a estos logros el espacio de la realidad profesional que se merecen. Hagámoslos visibles y hagámonos visibles. Cambiemos nuestra forma de percibir la realidad y transformaremos la retórica e influiremos en la acción; percibamos la situación actual de crisis e incertidumbre como una estación en el tiempo para la transformación y el cambio para la profesión, que es lo que realmente está ocurriendo. Afrontémoslo como un reto y no como una amenaza, y abandonemos los temores y pasemos a la acción: tenemos todos los recursos y las potencialidades, todo el capital humano y social como para en los próximos años ocupar, el lugar que nos merecemos.