Opinión

El maltrato infantil: perspectiva enfermera

La enfermera, pieza clave en la lucha contra el maltrato infantil

1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declara haber sufrido abuso sexual durante su infancia

La Organización Mundial de la Salud afirma que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declara haber sufrido abuso sexual durante su infancia. La ONG Save The Children afirma que, según el Anuario del Ministerio del Interior, las denuncias por abuso sexual a menores pasaron de 3.502 en 2015 a 4.056 en 2016, lo que refleja que el número de denuncias está aumentando. Pero estas son únicamente la punta del iceberg ya que en su mayoría estos casos siguen permaneciendo ocultos, siendo denunciados solamente un 15%.

Estos datos nos transmiten que el abuso sexual no es algo infrecuente como podamos pensar. De hecho, el ejecutor de un abuso sexual en un gran porcentaje de los casos es un familiar o una persona del entorno del niño, motivo por el cual la situación tiende a ocultarse y negarse, como también a causa del chantaje y las amenazas a las que los niños son sometidos, fruto de su vulnerabilidad e indefensión.

Las secuelas que este tipo de maltrato puede producir son numerosas elevando la susceptibilidad a sufrir ansiedad, depresión, conductas suicidas, adicciones y un largo listado de problemas que les marcarán de por vida.

No cabe duda de que el abordaje de este grave problema ha de ser integral. Toda la sociedad debe, debemos, tomar conciencia de que algún niño cercano a nosotros puede estar siendo víctima de este tipo de violencia y de que hay que poner todas las medidas a nuestro alcance para que esto no suceda o para detectarlo, si ya ha sucedido. En este contexto, como enfermeros y enfermeras, desempeñamos un papel prioritario y fundamental en la detección y prevención del abuso ya que el niño acude periódicamente a las revisiones del niño sano en atención primaria y en numerosas ocasiones a las unidades de urgencias. De ahí la necesidad de que dispongamos de información y formación para poder identificar los primeros indicadores de alerta así como de protocolos y recursos que proporcionen una óptima atención al niño.

Desde este enfoque integral el objetivo es que los profesionales que nos relacionamos directamente con el niño como puedan ser educadores, sanitarios, etc, dispongamos como digo de recursos para poder intervenir o derivar este tipo de casos, y podamos coordinarnos con los servicios públicos, administración y cuerpos de seguridad encargados de la atención a estas víctimas menores de abusos, evitando así que estas situaciones se produzcan.

Entre tanto, una de las herramientas más poderosas que el ser humano posee es la educación. También para luchar contra el abuso. Es necesario que nuestros niños y niñas aprendan desde edades tempranas qué es abuso y se garantice una educación afectivo-sexual, tanto en la enseñanza reglada como en el seno familiar. En muchas ocasiones los padres y familiares no saben cómo explicar a los niños todo lo que tiene que ver con la sexualidad, incluso adoptan o adoptamos conductas que no sabemos que pueden ser perjudiciales en este aspecto, ¿Cuántas veces no obligamos a nuestros hijos/as a dar un beso a algún familiar aunque se nieguen o digan no querer?. Cuando hacemos esto les estamos dando a entender que dar besos a alguien aunque no lo deseen es algo permitido, algo que se suele hacer. Hay que respetar que un niño no quiera abrazar o besar a una persona en concreto. No debe confundirse con ser un niño “malcriado” sino que al fin y al cabo se trata de independencia emocional. Desde pequeños deben aprender los nombres correctos de las partes de su cuerpo, y deben saber que éste debe ser respetado.

Trabajando desde una perspectiva interdisciplinar, con la implicación de profesionales y la sensibilización de la sociedad en general, se puede luchar contra este maltrato que requiere así también la creación de leyes que protejan al menor al máximo de este problema social. Todos tenemos un papel fundamental en esta lucha, pero además como enfermeras, por nuestra especial posición cercana a las familias y a los niños actuando como educadoras y consejeras, somos una pieza clave para esta transformación social.

 

Soraya Polo, enfermera pediátrica y fisioterapeuta