Opinión

La recta final del esfuerzo

"Lo que más hay que entrenar esta semana es la confianza en uno mismo y la tranquilidad. Es importante que no hagas nada que pueda tambalearlas".

#Opinión por Leticia Piney

Estas semanas se percibe tensión en el ambiente, en los controles de enfermería, vestuarios, y cafeterías de los hospitales y centros sanitarios. Se respiran nervios y agobios de última hora pero también esperanza, ilusión y ganas de terminar. La meta está bastante cerca. Seis días, nada más.

Aun así parece que cuando más se acerca el día D más lejos estamos en realidad de él el trayecto se hace eterno. Este efecto paradójico se produce sobre todo porque no sabemos a qué dedicarle más tiempo: ¿hago un súper-resumen final? ¿Hago test? ¿Repaso legislación?

Siempre he pensado que los métodos de estudio estandarizados funcionan igual de bien que las tallas estándar de ropa. Cada uno somos de una manera, tenemos unas circunstancias personales diferentes, una disponibilidad para estudiar adaptada a nuestras vidas y unas capacidades diferentes por lo que es difícil que todos entremos en un mismo sistema de estudio. Por eso soy poco dada a aceptar consejos -y mucho menos a darlos- aunque sí es verdad que hay algunas pautas que a todos nos pueden servir de guía.

Desde mi punto de vista, lo que más hay que entrenar esta semana es la confianza en uno mismo y la tranquilidad. Tanto si has estudiado todo el año como si llevas tres meses haciéndolo, si llegas al examen hecho un flan y con la mente negativa no vas a conseguir dar tu máximo. Es importante que esta semana no hagas nada que pueda tambalear tu confianza. No es una buena semana para ponerte a estudiar algo nuevo, o ponerte a ampliar temario. Tampoco es el momento para intentar entender los temas de estadística que llevas 6 meses sin tocar y que son tu punto débil. Esto puede aumentar mucho tu nivel de estrés y hacer que confíes menos en tus posibilidades.

Para aquellos que lleváis todo el año estudiando puede ser una buena semana para realizar test, repasar preguntas, poner a prueba la táctica de examen; es decir, tomarlo con calma, intentar mantener nuestro objetivo y no hacer experimentos.
Para los que llevan menos tiempo estudiando puede ser una semana para repasar aspectos clave ya estudiados y ponerse a prueba con test específicos o simulacros. Lo que sí está claro es que para tener tu mente a punto el día del examen no puedes exprimirla la última semana. Debes escuchar un poco tu cuerpo y respetarlo. Es una cuestión fisiológica que una mente cansada no rinde igual, por lo que intenta programar tiempos de descanso lógicos. Para mantener el temple y la confianza es importante liberar tensión. Para ello, haz lo que a ti te funcione: puede ser hacer deporte, puede ser quedar con tu amiga no enfermera para poder hablar de otra cosa que no sean escalas de valoración, puede ser ir con tu hijo al parque o ir al cine y ponerte ciego a palomitas. Haz lo que te funcione para mantener la mente tranquila y la actitud positiva.

Para llegar al día D con los nervios (que los tendrás) lo más a raya posible conviene tener controlados los aspectos estresantes que puedes prever. Conocer el lugar donde te examinas. Pásate por ahí, mira cómo se llega al aula, haz un ensayo de cuánto se tarda en llegar y la mejor manera de hacerlo (preferiblemente transporte público, que luego vienen los agobios). Procura tener todo preparado para el día siguiente, tus bolis, reloj, ropa…

¿Y el día de antes? Ese día probablemente salga lo mejor y peor de ti. Así que intenta distraerte, es importante que intentes hacer cosas que te gustan y te dan tranquilidad, estar con gente que te quiere y te comprende e intentar no hablar del examen todo el día. Como he dicho antes, lo que a ti te funcione. Pero ese día, mejor, no estudiar.

El día D levántate con tiempo, desayuna y ve con el tiempo suficiente al lugar del examen. Lo peor que te puede pasar es ir estresado por tráfico, aparcamiento…por ir con poco tiempo. En el momento del examen es cuando debes traer a tu mente los pensamientos positivos que has tenido durante este tiempo, aquella vez que hiciste ese simulacro que te salió tan bien o cuando entendiste por fin ese tema que tanto te costaba de cardio. Cree en ti, lee bien las preguntas, confía en tus conocimientos y siéntete orgulloso de ti mismo.

Después del examen llénate de esa sensación de liberación y disfruta del resto del día ¡Te lo has ganado!

Siempre he pensado que procesos como este, que requieren tanto esfuerzo y sacrificio, sirven para conocerse un poco mejor a uno mismo, cómo soy, dónde están mis límites, cuáles son mis puntos fuertes y los débiles. Así que, si la oposición no te sale como esperabas no te desanimes, este proceso tan duro no ha sido en balde, te servirá no solo para la siguiente ocasión sino también para el resto de tu vida.

Mucha suerte a todos.

Leticia Piney
Enfermera y Responsable de Formación Urgencias en FUDEN