El concepto de cuidados de salud basados en la evidencia ha pasado a lo largo de los últimos años de ser un concepto novedoso (casi una moda derivada de la corriente de la práctica médica basada en la evidencia o una utopía a la que acercarnos para mejorar nuestras actuaciones) a ser un medio totalmente justificado y necesario, con unos elementos definidos y claros, cuyo principal objetivo es llevarnos a la excelencia de los cuidados.
Las primeras definiciones de la práctica basada en la evidencia describían los principales elementos que se conjugaban en la misma: la experiencia de los profesionales, las preferencias de los usuarios, el contexto y los resultados de la investigación derivada de todas sus fuentes. Los primeros autores en acuñar dicho concepto defendían el valor positivista de los resultados provenientes de ensayos clínicos como “Gold Standard”. Sin embargo, en la actualidad, la investigación cualitativa está considerada sin lugar a dudas fuente de evidencia científica en aquellas cuestiones que tienen que ver con la significación que los pacientes-clientes.
Fuentes de conocimiento: de los cuidados basados en la experiencia a los cuidados basados en la evidencia
Desafortunadamente no hay investigación y respuestas para cada una de las preguntas clínicas que se nos formulen, y es ahí donde la experiencia de los profesionales entra en juego con más fuerza y con las limitaciones que conlleva el conocimiento empírico, fuente de conocimiento tradicional médico, que ahora se encuentra subordinado frente al conocimiento científico.
Sin duda los profesionales deben recorrer ese camino que lleva del conocimiento empírico y ametódico al conocimiento científico sistematizado para poder dar una base sólida, de rigor y calidad a las decisiones tomadas en la práctica clínica (excelencia de los cuidados). El uso de la investigación en cuidados lleva intrínsecamente al crecimiento de la profesión enfermera, desarrollando, definiendo y validando teorías propias que contribuyen al conocimiento de la disciplina y a la formulación de nuevos interrogantes para futuras investigaciones (profesionalización versus laborización).
Sin embargo las definiciones de cuidados de salud basados en la evidencia no contemplan la fórmula a través de la cual los profesionales deben conjugar todos esos elementos, teniendo en cuenta que los contextos y clientes son extremadamente variados, así como los conocimientos, preparación y experiencia de los profesionales. De ahí que la receta carezca de cantidades exactas, tiempos de cocción necesarios e ingredientes secretos. Se aboga sobretodo del sentido común del profesional y de su responsabilidad para estar actualizado sobre la investigación más reciente.
Roles dentro del proceso de investigación: el consumidor de evidencia
Para no perder el rumbo, lo primero que debe hacer un profesional frente a la práctica basada en la evidencia es posicionarse y conocer su rol en este juego. El rol del profesional ante la evidencia al igual que ante la investigación se mueve en un continuum que va desde ser meramente consumidor de la evidencia científica a ser productor de evidencia o investigación. Ninguno de los roles es sencillo y dependen de las capacidades, tiempo, conocimientos, actitudes de cada uno de los profesionales, así como de los medios que les rodean. Para ser consumidor debes de tener tiempo para buscar resultados de investigaciones, tener conocimiento del proceso de los cuidados basados en la evidencia, saber donde buscar evidencia, tener una actitud positiva ante este proceso compartida por el resto de compañeros y equipo, y por supuesto tener los medios necesarios tanto en la búsqueda como en la incorporación a la práctica; y es aquí donde las instituciones sanitarias y políticas entran en juego. Para ser productor de evidencia se precisa además de elevados conocimientos sobre metodología de investigación, así como medios y tiempo necesarios para llevarla a cabo. Con todo ello se sobreentienden las barreras y los elementos facilitadores que pueden afectar a este proceso.