Teniendo en cuenta que todos podemos desempeñar un rol, lo que además debemos conocer todos es cual es el proceso y cuales son las fuentes y recursos a los que dirigirnos para buscar evidencia.
Cuidados basados en la evidencia: fases del proceso
Los cuidados basados en la evidencia pueden describirse como un proceso cíclico en el que comenzamos:
1. Haciéndonos preguntas:
Plantearse una pregunta de investigación no es sencillo. El hecho de plasmar nuestras dudas con respecto a nuestra práctica diaria de forma específica, teniendo en cuenta todos los componentes (población, intervención/es o fenómeno de interés y respuestas) necesita como mínimo un periodo de reflexión. La naturaleza de la pregunta va a depender del propio fenómeno que queremos abordar, cualitativo o cuantitativo. En la medida que seamos capaces de delimitar todos éstos componentes podremos establecer una buena estrategia de búsqueda posterior de eviencia.
2. Buscando la mejor evidencia:
El diseño metodológico que, por excelencia, nos proporciona más recursos de evidencia científica son las revisiones sistemáticas, procedimiento científico que aplica estrategias para delimitar sesgos, recopilando, valorando críticamente y sintetizando los resultados de los estudios más relevantes sobre un tema. Las conclusiones de las revisiones sistemáticas llevan directamente a recomendaciones para la práctica clínica de gran utilidad para los profesionales que se ven frente a una pregunta sobre la validez de alguna de sus prácticas diarias.
Afortunadamente contamos cada vez con más recursos que nos pueden orientar en nuestras tomas de decisiones diarias en materia de cuidados como la Colaboración Cochrane o el Instituto Joanna Briggs, los cuales, gracias a iniciativas del Ministerio de Sanidad y Consumo, son de libre acceso a través de Internet, y sus recursos están traducidos al castellano con lo que eliminamos además la barrera idiomática de la mayoría de estos recursos. En ambos podemos encontrar revisiones sistemáticas realizadas sobre una pregunta de investigación específica, cuyas conclusiones nos sirven para implementar cambios en nuestra práctica diaria. En contraste, a través de la página web del Instituto Joanna Briggs en castellano, además de encontrar revisiones sistemáticas específicas sobre cuidados, vamos a encontrar resúmenes y documentos con recomendaciones ya descritas para la práctica junto al nivel de evidencia de las mismas. Además podemos acceder a otros documentos como guías de práctica clínica, revistas y otros recursos documentales, e instrumentos informáticos que nos apoyan en todo el proceso de implantación de cuidados basados en la evidencia.
3. Implementando la evidencia en nuestra práctica de cuidados
Una vez consultados los recursos necesarios el siguiente paso es la implantación en la práctica de dicha evidencia, lo que supone instaurar en las instituciones una cultura de cuidados que precisará del apoyo de todos los profesionales y a todos los niveles de gestión, mediante la puesta en práctica de diferentes estrategias que impulsen, formen, motiven y evalúen dichos cuidados. Para ello hay que superar las diferentes barreras que pueden existir; principalmente la falta de formación y tiempo de los profesionales, escasez de personal o recursos, falta de suporte de los directivos, falta de motivación y falta de apoyo de los compañeros.
4. Evaluando la calidad de la nueva intervención en cuidados
Después de haber incorporado los cambios en nuestra práctica clínica en función de la evidencia encontrada, podemos evaluar el impacto de la misma en función de diferentes parámentros como pueden ser: los resultados de salud, el bienestar o satisfacción de los usuarios ode los profesionales con respecto a esa intervención, incluso, si la evidencia lo sugiere y tenemos parámetros suficientes, podemos valorar el coste-efectividad de dicha intervención. Los resultados de esta evaluación servirán para reconducir en proceso o iniciar otro con el planteamiento de nuevos interrogantes en dicha valoración de la población.
Conclusión:
No hay que olvidar que en este proceso todos salimos beneficiados, tanto la población receptora de dichos cuidados, como los profesionales y las instituciones que los imparten. Desde el momento en que asumamos este reto y lo llevemos a cabo estaremos ayudando a conocer y mejorar una realidad a través de la investigación, dando valor al esfuerzo personal de todos aquellos profesionales que han contribuido a este campo de conocimientos que son los cuidados.