Manejo del paciente anticoagulado en atención primaria
Marco Antonio Zapata Sampedro
INTRODUCCIÓN
El objetivo del tratamiento con anticoagulantes orales (TAO) es alargar el tiempo de coagulación hasta un intervalo eficaz y seguro (rango terapéutico), en el que se evita la aparición de trombos sin provocar riesgo de hemorragia (1). Está indicado en pacientes que presentan un riesgo elevado de formar trombos, como aquellos que padecen fibrilación auricular, valvulopatías y reemplazos valvulares, procesos tromboembólicos y otras causas (infarto agudo de miocardio, arteriopatía periférica, pacientes con endoprótesis coronaria o stent, etc.) (1-3).
Actualmente, una vez que el paciente ha comenzado el tratamiento y ha sido controlado por el hematólogo del hospital de referencia, se deriva al centro de salud para continuar sus controles de forma periódica. Este control se realiza mediante la obtención de una gota de sangre capilar, con el que se determina el resultado del INR (international normalized ratio; razón normalizada internacional, para evitar diferencias entre laboratorios), que es un cociente entre el tiempo de protrombina (TP) del plasma problema (en este caso, del paciente anticoagulado) y el TP de un control (no anticoagulado).
En personas no anticoaguladas el INR es cercano o igual a 1. El INR ideal para cada paciente anticoagulado puede variar, fijándose por lo común rangos entre 2 y 3, o ligeramente superiores, de forma individual, atendiendo a las características de cada individuo y la causa del tratamiento (2). Si el INR es inferior al rango terapéutico, el efecto anticoagulante es insuficiente; y, a la inversa, si es muy superior, existe riesgo aumentado de hemorragia.
Según el resultado, un programa informático (en nuestro caso, taochek®) calcula la dosis del fármaco (pues previamente en la historia del paciente se incluyen resultados anteriores y dosis prescritas por el hematólogo), y genera una hoja de control de medicación para el paciente hasta el próximo control.
El seguimiento de los pacientes anticoagulados en atención primaria presenta ventajas como la atención integral al paciente, mayor accesibilidad y comodidad para el paciente, así como una mejor situación para la educación sanitaria. De la atención al paciente anticoagulado en atención primaria se encarga el profesional enfermero, que debe estar entrenado en el manejo de este programa, en colaboración con el profesional médico.