Ayer tuvimos el honor y la oportunidad de asistir al homenaje a las Enfermeras de La Razón, una jornada presidida por Su Majestad la Reina y dedicada este año a un tema que atraviesa cada vez más dimensiones de nuestra vida personal, social y profesional: la salud mental.

Reconozco que acudí pensando que escucharía reflexiones necesarias sobre recursos, especialidades o estrategias asistenciales. Y las hubo. Pero regresé con algo más importante: la sensación de que las enfermeras tienen mucho que decir, y todavía más que hacer, en uno de los grandes retos de nuestro tiempo.

Amelia Amezcua, directora ejecutiva de FUDEN, conducía la primera mesa de debate con algo que a ella le sale de forma natural pero que es tan difícil de conseguir: la capacidad de generar conversaciones auténticas. No fue una sucesión de intervenciones. Fue un diálogo entre profesionales que comparten una misma preocupación y responsabilidad: cómo construir una respuesta real a las necesidades de salud mental de la población.

Y de todas las ideas que surgieron, hubo algunas que me gustaría compartir con vosotras mis queridas líderes.

 

 

La salud mental no empieza cuando aparece la enfermedad

A menudo seguimos pensando la salud mental desde el diagnóstico, la consulta o el hospital. Sin embargo, una de las reflexiones más interesantes de la mesa fue precisamente cuestionar esa mirada.

Cuando nos invitaron a viajar mentalmente hasta 2040, no se habló de grandes avances tecnológicos ni de sistemas complejos. Se habló de algo mucho más sencillo y mucho más transformador: acercar los cuidados a la vida de las personas.

Recuerdo especialmente una frase que se repitió a lo largo de la conversación:

«La salud mental no empieza cuando aparece una enfermedad; aparece en la vida cotidiana de las personas».

Y es verdad.

La salud mental empieza en una escuela. En una familia que atraviesa una crisis. En un adolescente que no encuentra su lugar. En una persona mayor que vive sola. En alguien que ha perdido la esperanza de levantarse cada mañana.

Por eso también me pareció tan potente otra de sus reflexiones:

«Las necesidades de cuidados no esperan detrás de una puerta hospitalaria; están donde transcurre la vida».

Y es que quizá ahí reside uno de los grandes desafíos de los próximos años: construir un modelo capaz de llegar a las personas antes de que todo lo que le pasa se convierta en una enfermedad.

 

Un futuro que ya está empezando: especialistas y práctica avanzada

Además, hubo otra reflexión que se repitió y se compartió de diferentes maneras y es la necesidad de llevar los cuidados especializados allí donde viven y está la comunidad.

Se expuso también un mapa perfecto del papel de las enfermeras especialistas en salud mental, de los programas comunitarios, de la continuidad asistencial y de la importancia de que las enfermeras estén presentes en todas las etapas de la vida. No solo cuando aparece una crisis, sino también en la prevención, la promoción de la salud y el acompañamiento a largo plazo

Mientras escuchaba estas reflexiones no pude evitar pensar que, en cierto modo, estábamos hablando de lo que representa la enfermería de práctica avanzada.

Profesionales con conocimiento experto, capacidad clínica, liderazgo, autonomía y visión integral de los cuidados. Enfermeras que no esperan a que aparezcan los problemas, sino que son capaces de anticiparse, coordinar recursos, acompañar procesos complejos y generar continuidad asistencial.

Cuando se describía un futuro en el que las especialistas en salud mental están presentes en colegios, domicilios, centros de salud, residencias o universidades, estaba dibujando precisamente un modelo de cuidados más cercano, más resolutivo y más conectado con las necesidades reales de las personas.

Quizá por eso uno de los grandes mensajes que me llevé de esta jornada es que el futuro de la salud mental no pasa únicamente por aumentar recursos. Pasa también por impulsar perfiles profesionales capaces de liderar nuevos modelos asistenciales.

Y precisamente ese es el propósito que inspira el Máster de Postgrado en Enfermera de Práctica Avanzada de FUDEN, cuya nueva edición se encuentra actualmente en periodo de inscripción. Un programa que nace de una convicción profunda: la enfermería necesita profesionales preparadas para liderar la transformación de los cuidados en escenarios cada vez más complejos.

Porque hablar de práctica avanzada no es hablar únicamente de competencias. Es hablar de liderazgo clínico, capacidad de innovación y compromiso con las necesidades de la población.

 

El liderazgo del que menos hablamos

En la Escuela de Liderazgo hablamos constantemente de liderazgo.

Pero ayer volví a pensar que quizá todavía dedicamos poco tiempo a hablar del liderazgo más importante de todos: el que ocurre en la relación directa con las personas.

Elena Fernández Cano lo describió cuando afirmó:

«La capacidad que tenemos para establecer un vínculo terapéutico, para que un paciente decida tomarse la medicación o exprese lo que le sucede porque confía en nosotras, ese es el verdadero liderazgo».

Me gustó especialmente esa idea porque desplaza el foco del cargo hacia el impacto.

Liderar no siempre significa dirigir equipos o gestionar organizaciones. A veces significa conseguir que una persona encuentre la confianza suficiente para hablar de lo que le ocurre. O acompañarla cuando siente que ya no puede más.

Y por eso me quedo también con otra frase que resume extraordinariamente bien la esencia de nuestra profesión:

«La verdadera realidad es que ayudamos a la gente a vivir».

No estamos hechas de otra pasta

Hubo un momento de la mesa especialmente incómodo. Y precisamente por eso fue tan necesario.

Durante años hemos escuchado que las enfermeras son resilientes, vocacionales y capaces de soportar cualquier circunstancia.

Pero ¿qué ocurre cuando quienes cuidan dejan de ser cuidadas?

Se puso voz a una realidad que demasiadas veces normalizamos.

«No estamos hechas de otra pasta; estamos trabajando en entornos que no cuidan de nosotras».

Porque detrás de ella están las jornadas interminables, la sobrecarga asistencial, el desgaste emocional, la exposición continuada al sufrimiento y las dificultades que muchas profesionales encuentran para cuidar de su propia salud mental.

Me pareció especialmente importante que el debate no se quedara en el diagnóstico del problema, fue paso más allá al recordarnos que cuidar a las enfermeras no es una cuestión corporativa.

No habrá sistemas sanitarios saludables si quienes sostienen esos sistemas trabajan agotadas.

La escucha que cambia vidas

Otro de los momentos más inspiradores fue escuchar a Chus Bocos, una de las primeras alumnas alumnas de la Escuela y actualmente profesora y mentora.

Chus habló desde la experiencia de quien ha acompañado durante años a pacientes, familias y profesionales.

Quizá porque nos recordó algo que a veces olvidamos entre protocolos, indicadores y resultados. Que la enfermería sucede en el encuentro humano.

Cuando explicó que:

«Las enfermeras educan, acompañan, intervienen y sostienen a través del vínculo terapéutico», y reconocimos en esa frase escenas que hemos vivido muchas veces, personas con miedo, familias que no saben como afrontar esta nueva realidad y pacientes que necesitan volver a reconstruir su vida.

 

El camino compartido del cuidado

Las palabras de Chus tuvieron además para mí una resonancia especial.

Hace algún tiempo, desde FUDEN, tuvimos la oportunidad de acercarnos al trabajo de las enfermeras del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo en el reportaje El camino compartido. Un proyecto que mostraba algo que ayer volvió a aflorar durante la mesa: detrás de cada cuidado existe una historia humana.

Mientras escuchaba a Chus hablar de personas que afrontan pérdidas, cambios radicales en sus capacidades, incertidumbre o miedo al futuro, no pude evitar recordar muchas de aquellas imágenes.

Porque en realidad estaba describiendo exactamente lo que las enfermeras hacen cada día: ayudar a las personas a reconstruir su vida cuando esta ha cambiado para siempre.

«La salud mental está alterada desde el primer momento».

Y es en esos momentos cuando la enfermería despliega una de sus competencias más invisibles y más valiosas: acompañar.

Acompañar cuando alguien necesita aprender nuevas formas de autonomía.

Acompañar cuando una familia intenta adaptarse a una nueva realidad.

Acompañar cuando resulta difícil encontrar motivos para mirar hacia adelante.

«También cuidamos de los cuidadores».

 

El Camino Compartido: Enfermeras del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo

Una frase sencilla, pero capaz de resumir una parte esencial del trabajo enfermero y que con demasiada frecuencia pasa desapercibida.

 

Hacer visible lo invisible

Si tuviera que resumir algo que me llevé de esta jornada, probablemente hablaría de visibilidad.

Las enfermeras estamos presentes en algunos de los momentos más importantes de la vida de las personas.

Acompañamos sufrimientos, ayudamos a tomar decisiones, sostenemos incertidumbres y construimos confianza.

Sin embargo, una parte enorme de ese trabajo continúa siendo invisible.

Por eso comparto plenamente una de las reivindicaciones que surgieron durante la conversación:

«Las enfermeras debemos poder participar en todos los ámbitos donde se toman decisiones». No porque queramos ocupar espacios de poder.

Sino porque conocemos las necesidades de las personas, las familias y las comunidades desde una posición privilegiada.

Y porque la salud mental necesita esa mirada.

Antes de terminar, Chus Bocos lanzó una idea que resume muy bien el sentimiento con el que abandoné la jornada:

«Las enfermeras somos el eje de la continuidad de los cuidados y necesitamos que la sociedad sepa lo que hacemos y que cuenta con nosotras».

Yo añadiría algo más.

Necesitamos que la sociedad no solo sepa lo que hacemos, sino que comprenda por qué lo hacemos y cuál es nuestro PROPÓSITO.

Al salir pensé que quizá el mayor desafío que tenemos por delante no es convencer a nadie de que la salud mental es importante. Eso ya lo sabemos.

El verdadero reto consiste en construir los modelos profesionales capaces de responder a ella. Modelos basados en el liderazgo clínico, la especialización, la práctica avanzada y la capacidad de acompañar a las personas donde realmente viven sus problemas y sus esperanzas.

Para terminar, gracias a Amelia, Natalia, Laura, Paloma, Carlos, Mar y Chus por poner voz a miles de enfermeras que cada día sostienen, acompañan, previenen, coordinan y cuidan. Gracias por visibilizar una realidad que muchas veces está oculta y por poner sobre la mesa que la profesión cuenta con líderes muy capaces de impulsar el cambio, defender el valor de los cuidados y construir el futuro de la enfermería.

Porque cuidar la mente es cuidar la vida.