Cada 8 de septiembre celebramos el Día del Cooperante, una fecha en la que se reconoce a las personas que contribuyen a un mundo más justo, equitativo y sostenible, pero también es un día para detenernos y preguntarnos qué significa realmente cooperar. Cuando pensamos en cooperación internacional, es fácil que aparezcan imágenes relacionadas con emergencias, catástrofes o profesionales que viajan a otros países para prestar ayuda. Sin embargo, la cooperación para el desarrollo va mucho más allá. Cooperar no consiste únicamente en responder cuando aparece una crisis. Significa comprender las causas que generan desigualdad, pobreza o dificultades de acceso a derechos fundamentales y trabajar junto a las comunidades para desarrollar respuestas sostenibles.
De la ayuda a la cooperación
La cooperación ha evolucionado profundamente durante las últimas décadas. Hoy sabemos que no se trata simplemente de trasladar conocimientos o recursos de un lugar a otro, sino de trabajar con las personas y las comunidades, reconociendo sus capacidades, conocimientos, prioridades y contextos. Esta mirada resulta especialmente importante cuando hablamos de salud.
Las desigualdades sanitarias no pueden entenderse únicamente desde la presencia o ausencia de enfermedades. Las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven y trabajan, el acceso al agua y al saneamiento, la educación, la alimentación, las desigualdades de género, los conflictos, el cambio climático o las posibilidades de acceder a servicios sanitarios condicionan profundamente la salud de las poblaciones. Por eso, trabajar en cooperación en salud implica ampliar la mirada.
Profesionales sanitarios que también pueden transformar realidades
Contamos con conocimientos y competencias que pueden tener un importante papel en los proyectos de cooperación. Pero tener experiencia sanitaria no es suficiente para intervenir adecuadamente en otro contexto. Trabajar en cooperación requiere aprender a escuchar antes de actuar, conocer la realidad de las comunidades, identificar necesidades junto a ellas, establecer objetivos, planificar intervenciones, trabajar con diferentes actores y evaluar si las acciones desarrolladas están produciendo realmente los cambios esperados. También exige comprender los principios éticos que deben orientar cualquier intervención y evitar una visión de la cooperación basada únicamente en la buena voluntad. Querer ayudar es importante, pero saber cómo cooperar también lo es.
¿Y si quiero empezar en cooperación? Muchas personas sienten interés por la cooperación internacional pero no saben cuál debería ser su primer paso. ¿Qué tipos de cooperación existen? ¿Quién participa en un proyecto? ¿Qué diferencia existe entre cooperación para el desarrollo y acción humanitaria? ¿Qué hace realmente un cooperante o el personal técnico en terreno?
Precisamente para acercarnos a estas cuestiones, desde Fuden Inclusiva ponemos en marcha la 2.ª edición del MOOC “Primeros pasos en cooperación para el desarrollo”, que se desarrollará del 8 de septiembre al 8 de noviembre de 2026. La formación propone un recorrido desde los conceptos y enfoques fundamentales de la cooperación internacional hasta su aplicación práctica. A lo largo de sus contenidos se abordan el origen y evolución de la cooperación, sus diferentes modalidades y las herramientas necesarias para diseñar, ejecutar y realizar el seguimiento de un proyecto de cooperación para el desarrollo. Además, permite acercarse a distintas experiencias de intervención de enfermería en este ámbito. El MOOC tiene una duración de 25 horas y 1 ECTS y está acreditado para enfermeras y fisioterapeutas. Incluye también un espacio de comunidad virtual y experiencias de buenas prácticas para conocer otras formas de participar en cooperación. Conoce la 2.ª edición de “Primeros pasos en cooperación para el desarrollo”
Cooperar también empieza por formarse
En este Día del Cooperante queremos reconocer a quienes desarrollan su labor en diferentes lugares del mundo, pero también recordar que la cooperación no comienza necesariamente cuando hacemos una maleta o llegamos a terreno. Puede comenzar mucho antes. Comienza cuando nos interesamos por otras realidades. Cuando intentamos comprender por qué persisten determinadas desigualdades. Cuando cuestionamos nuestra propia forma de mirar. Cuando adquirimos herramientas para intervenir de manera responsable. Y cuando entendemos que las comunidades no son receptoras pasivas de ayuda, sino protagonistas de sus propios procesos de transformación. Porque quizá uno de los primeros pasos para cooperar sea precisamente ese: aprender a hacerlo.
Recuerda que tenemos también las últimas plazas para el Experto Universitario en Cooperación Internacional para el desarrollo. Edición 12



