Alta fidelidad en simulación clínica: ¿realmente necesitamos la tecnología más avanzada?

simulacion-clinica-

4 de noviembre de 2026

Alta fidelidad en simulación clínica: ¿realmente necesitamos la tecnología más avanzada?

simulacion-clinica-

4 de noviembre de 2026

Loira Fernández

Directora del Centro de simulación clínica de Fuden

En las últimas semanas hemos recibido en nuestro Centro de Simulación clínica la visita de profesionales procedentes de diferentes países, entre ellos Paraguay y República Dominicana, interesados en conocer nuestro trabajo y en poner en marcha o desarrollar centros de simulación en sus lugares de origen.

Durante las visitas surgieron muchas preguntas sobre espacios, organización, metodología, equipamiento y, como era de esperar, sobre los simuladores.

Y hubo una cuestión que apareció en varias ocasiones:

¿Necesitamos simuladores de alta fidelidad para hacer buena simulación clínica?

La pregunta casi siempre venía acompañada de otra preocupación: su coste.

Los simuladores más avanzados pueden requerir una inversión económica importante y, cuando comenzamos a diseñar un centro de simulación, es fácil pensar que disponer de esta tecnología es un requisito imprescindible.

Pero quizá la pregunta no debería ser qué simulador podemos comprar.

Quizá deberíamos empezar por otra:

¿Qué necesitamos que nuestros participantes aprendan?

¿Qué entendemos por alta fidelidad?

Cuando hablamos de fidelidad en simulación nos referimos al grado en el que una experiencia consigue representar de manera creíble aquellos elementos de la realidad que son importantes para alcanzar los objetivos de aprendizaje.

Tradicionalmente hemos asociado la alta fidelidad a simuladores tecnológicamente avanzados: maniquíes capaces de respirar, presentar pulsos, modificar constantes fisiológicas, hablar, responder a intervenciones o reproducir diferentes situaciones clínicas.

Sus posibilidades son enormes.

Nos permiten recrear pacientes que evolucionan, hacer que el estado clínico cambie como consecuencia de las actuaciones de los participantes y diseñar situaciones complejas en las que es necesario valorar, priorizar, tomar decisiones y trabajar en equipo.

Pero la fidelidad de una simulación no depende únicamente de la tecnología.

Alta fidelidad no significa necesariamente alto coste.

Podemos tener el simulador más avanzado del mercado y diseñar una experiencia de aprendizaje poco útil.

Y también podemos utilizar un recurso mucho más sencillo y conseguir que los participantes se impliquen completamente en la situación y alcancen los objetivos que habíamos planteado.

Un brazo de canalización puede ser perfectamente adecuado si queremos entrenar una técnica.

Un paciente simulado puede ser mucho más útil que un maniquí de alta tecnología si queremos trabajar una entrevista clínica o una conversación difícil.

Un simulador sencillo acompañado de un monitor puede permitirnos entrenar determinadas situaciones clínicas sin necesidad de disponer del equipamiento más avanzado.

Incluso algunos elementos muy básicos pueden adquirir un enorme valor cuando están integrados en un escenario bien diseñado.

Por eso, más tecnología no significa automáticamente más aprendizaje.

Empezar por las necesidades, no por el catálogo.

Cuando diseñamos un centro de simulación (o cuando decidimos qué equipamiento incorporar) puede resultar tentador comenzar revisando qué simuladores existen en el mercado.

Pero deberíamos hacer justo lo contrario.

Primero necesitamos conocer a nuestros participantes.

¿Son estudiantes o profesionales? ¿Qué nivel de experiencia tienen? ¿Qué competencias queremos que desarrollen? ¿Qué situaciones necesitan entrenar? ¿Qué tipo de actividad vamos a realizar con mayor frecuencia?

Después podemos definir nuestros objetivos de aprendizaje.

Y solo entonces deberíamos preguntarnos qué recursos necesitamos para conseguirlos.

En algunos casos necesitaremos un simulador de alta fidelidad. En otros, un simulador de menor complejidad, un paciente simulado, un entrenador de habilidades o una combinación de diferentes recursos será suficiente.

La tecnología debería estar al servicio del aprendizaje, y no al revés.

Trabajar con los recursos que tenemos

No todos los centros disponen del mismo presupuesto, de los mismos espacios ni del mismo equipamiento.

Y eso no debería convertirse en una barrera para utilizar la simulación clínica.

Diseñar buenas experiencias de simulación también implica saber adaptarnos a los recursos disponibles.

A veces necesitaremos ser creativos.

Podremos reutilizar material, adaptar espacios, utilizar recursos de baja fidelidad o combinar diferentes modalidades de simulación para conseguir el resultado que buscamos.

Lo importante es identificar qué elementos de la situación necesitan ser suficientemente realistas para que el participante pueda alcanzar los objetivos propuestos.

No todo tiene que parecer exactamente real.

Tiene que ser lo suficientemente real para aquello que queremos entrenar.

¿Cuándo merece la pena la alta fidelidad?

Esto no significa que los simuladores de alta fidelidad no sean útiles. Al contrario.

Hay situaciones en las que disponer de ellos amplía enormemente nuestras posibilidades.

Por ejemplo, cuando queremos que los participantes detecten cambios fisiológicos, reconozcan el deterioro de un paciente, prioricen actuaciones, evalúen la respuesta a una intervención o trabajen coordinadamente ante situaciones clínicas complejas.

En estos casos, poder modificar las constantes y hacer evolucionar al paciente en función de las decisiones del equipo aporta un enorme valor al escenario.

Pero incluso entonces, el simulador sigue siendo una herramienta.

No es la simulación.

La simulación está en todo lo que construimos alrededor: los objetivos, el diseño del escenario, el entorno, la información que proporcionamos, la actuación del facilitador y, por supuesto, el debriefing posterior.

Antes de comprar, preguntémonos para qué

Probablemente esta sea una de las ideas que más hemos repetido durante estas visitas.

Si estamos pensando en crear un centro de simulación, no deberíamos empezar preguntándonos cuánto cuesta un simulador de alta fidelidad.

Deberíamos empezar preguntándonos:

¿Quién va a aprender aquí?

¿Qué necesita entrenar?

¿Qué queremos conseguir con la simulación?

¿Qué recursos tenemos disponibles?

Y, a partir de ahí, construir.

Quizá necesitemos tecnología muy avanzada.

Quizá no.

Porque un centro de simulación no debería medirse por el precio de sus simuladores, sino por su capacidad para crear experiencias de aprendizaje que respondan a las necesidades de sus participantes.

La alta fidelidad puede ser una herramienta extraordinaria.

Pero la verdadera pregunta nunca debería ser si podemos permitirnos el simulador más avanzado.

La pregunta debería ser: ¿Qué necesitamos para que nuestros participantes aprendan?

 

Quizás también te interese leer…