Salud mental en enfermería

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Leticia Piney

2 de junio de 2021

¿Somos las enfermeras un gremio especialmente sensible a las enfermedades mentales y el suicidio?

Hace unos días terminó el módulo de Atención de Enfermería al Paciente Psiquiátrico y Psicología en Emergencias de uno de nuestros Expertos.

Los alumnos participaron en diferentes clases y talleres en los que se exploraron diversos temas, como la atención inicial a pacientes con agitación, con trastornos mentales, intentos autolíticos… Además, las docentes les facilitaron herramientas de comunicación para saber de qué forma pueden abordar las situaciones delicadas y conflictivas que atañen al ámbito emocional del paciente que vemos a diario.

Sin embargo, en el foro de estudio surgió un debate muy interesante relacionado con la salud mental en enfermería. Todo surge sobre una noticia de 2019 (prepandemia), que arrojaba un dato bastante escalofriante; en Reino Unido, la tasa de suicidio entre personal de enfermería es de 45 personas al año, casi una enfermera a la semana se quitaba la vida (según esos datos).

A raíz de estos datos, les propusimos que pensaran qué factores de los que habían vivido en su experiencia laboral o de prácticas favorecen que seamos una profesión de riesgo para el suicidio y cuáles pueden ser factores protectores. Por último, les pedimos que nos contaran si en su centro de trabajo hay algún tipo de ayuda, apoyo psicológico dirigido a los profesionales.

Los factores que más se repitieron fueron la sobre carga de trabajo, el estrés, la vivencia de situaciones emocionales complejas, el poco reconocimiento y la inestabilidad laboral. Pero también surgieron otros como la poca formación del personal, los cambios constantes de servicio, la elevada responsabilidad…

Por otro lado, los aspectos que recogimos que ayudan a equilibrar la balanza fueron, sobre todo, el trabajo en equipo, la sensación de pertenencia a una “familia” en el trabajo y un entorno familiar y social en el que apoyarse.

La respuesta me dejó impactada, no solo sacamos un buen análisis de los factores de riesgo y protectores, sino que muchos de los alumnos se abrieron y nos contaron experiencias que les habían dejado marcados, vivencias que les habían causado dolor o angustia y que, en ocasiones, seguían arrastrando.

Fue el caso de una alumna que contó que, después de una muerte traumática de un paciente joven, durante semanas cerraba los ojos y la revivía una y otra vez. Cómo ella misma sabía que ese sentimiento no lo sabía gestionar, pero no tuvo o no supo a quién acudir. O cómo otra alumna recién titulada empezó a trabajar en plena pandemia y el estrés al que se vio sometida le sobrepasaba a diario, llegaba a casa agotada física y mentalmente.

Otro compañero nos contó que muchos días llegaba a casa y, aunque llevaba 6 horas ya fuera del hospital, todavía seguía repasando una y otra vez lo que ese día había ocurrido, sin poder descansar. Muchas veces se apela a nuestra vocación para hacernos ver que esto que vivimos “tenemos que aguantarlo” porque es nuestra profesión. ¡Cómo si ser sanitario ya te incluyera una coraza para afrontar la cascada de emociones que vas a tener que vivir al lado de tus pacientes!

Muchos alumnos comentaron que en sus centros sí había algún tipo de ayuda psicológica, más o menos formal, para el personal sanitario. En otros no había nada parecido.

Me sorprendió que ninguno de los alumnos comentara que había hecho uso de esa ayuda psicológica que le ofertaban. Todos los que decían algo al respecto era por terceras personas que la habían utilizado.

¿Es la salud mental en enfermería un estigma?

Parece que pedir ayuda no es algo de lo que sentirse orgulloso, es algo que hay que ocultar, que indica debilidad ¿Puede ser que incluso entre sanitarios haya cierto estigma a la salud mental? Parece que sí. Nosotros, que sabemos que no cuidar la salud mental tiene consecuencias, no usamos las herramientas que nos ofrecen.

Para empezar dando ejemplo les conté mi experiencia cuando trabajaba en paliativos, donde sí teníamos una psicóloga asignada para los pacientes. Aunque no era una ayuda formal, todas las mañanas esa compañera se ocupaba de hablar con el personal, no solo de los pacientes, sino de como estábamos nosotros, si nos había afectado algún caso, como lo gestionábamos… En ese momento, esa pequeña ayuda para mí supuso un cambio en mi manera de vivir mi estancia como profesional en ese servicio.

Por eso, os quiero hacer llegar la misma recomendación que les hice a los alumnos en ese debate: Nuestra mente es nuestra principal herramienta de trabajo, pero también la llave para tener una vida feliz. Disfrutar de una buena salud mental también es importante. Así que, cuando la situación os desborde, antes de estar al límite, si creéis que necesitáis ayuda, debéis buscarla. No somos superhéroes, somos personas y tenemos que cuidarnos para poder cuidar.

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