Deja de ser blanca occidental y pregunta: ¿qué necesitáis? #OpiniónFuden. Nieves Márquez. Coordinadora de proyectos de Cooperación Enfermera FUDEN

¡Al fin he salido! ¡Sí! Después de 48 horas de incertidumbre acerca de si fuera posible regresar a España o si tuviera que residir por 30 días más en Guinea Ecuatorial, al fin he pisado el sábado día 14 de marzo suelo español.

Atrás he dejado un gobierno en estado de alarma por la aparición de su primer caso de COVID-19 en una de las pasajeras del último vuelo Madrid-Malabo del viernes día 13, avión en el cual debería regresar a España y que finalmente fue cancelado, lo que me llevó a buscar una vía de salida alternativa hacia cualquier conexión internacional que terminase mi estancia en Guinea.

Una vez en España, y con la experiencia vivida de un país que nada más escuchar de una pandemia en China ha comenzado a movilizar recursos profesionales y materiales al igual que emitir mensajes de prevención a la población en sus 3 dialectos, he instalado la tarjeta telefónica europea en mi móvil. La entrada de mensajes whatsapps, audios y avisos de llamadas, se prolongó por un buen rato y cual fue mi sorpresa cuando entre esos audios abundaban aquellos de preocupación por el 06 opinion nievesestado de salud de la población española, de amigos/as senegaleses, mauritanos, nigerinos, ecuatorianos, guatemaltecos, dominicanos, venezolanos, saharauis…. Lo que provocó que de repente ¡una gran bofetada me desplazara en la línea espacial ¡madre mía! en “este mundo” parece que estamos al final de la raza humana, las noticias nos bombardean cada 4 horas con actualizaciones de los recursos que nunca llegan (civilización moderna), con profesionales sanitarios que están infectados (profesionales capacitados e instruidos), con colapsos en las estructuras sanitarias (sanidad pública con recursos) y en el “otro mundo” población que escasamente tiene conciencia de lo que significa la palabra virus, porque lo único que tienen claro es la vida y la muerte, han escuchado hablar a través de la gran red que supone internet, de algo que pasa en su mundo ideal que ha paralizado los trámites de sus pasaportes, de sus visados, de sus acuerdos para la próxima patera, de la salida de ese maldito y tan querido país que no permite encontrar la paz y la seguridad para tener un porvenir y una familia.

Pero… ¿sus países estarán tomando medidas preventivas y comunicarán a la población la urgencia de lo que significa que este virus entre en sus casas, contamine a sus queridos ancianos, símbolo de la sabiduría y el respeto al otro, esos ancianos que conviven en pequeñas casas y grandes familias rebosantes de niños/as en las cuales las mujeres, principales cuidadoras, los tratan con mimo siendo los primeros en saludar cuando llegas a una Haima en medio del campo de refugiados?

Me pongo a investigar online y comienzo a entrar en los diferentes ministerios de salud de los países del “otro mundo”, “aquel mundo”, en el que de repente los refugiados y los movimientos humanos ya son un mal sueño en nuestro presente. Una vez más, veo reflejado mi etnocentrismo blanco en esta búsqueda, ¿acaso por ser el “otro mundo” no van a saber divulgar medidas de prevención para su población, acaso no son conscientes de la importancia y peligrosidad de esta pandemia por ser africanos, latinoamericanos?, ¡bofetada! Y en sus webs hay protocolos, infografías adaptadas a su cultura que explican perfectamente las medidas de prevención a tomar por la población. Deja de ser blanca occidental y pregunta: ¿qué necesitáis?

A tal pregunta la misma respuesta fuera del país que fuere: “no tenemos miedo a la enfermedad, tenemos miedo al hambre, porque si nuestros gobiernos determinan que no podemos salir de casa, no podremos comer, mis hijos, mis padres, yo mismo, que moriré de hambre, porque ¿sabes? Aquí no tenemos unos ingresos fijos, no tenemos un sistema de pensiones, de retribuciones, solamente tenemos dos piernas y dos brazos para salir y trabajar día a día para comer”.

¿Qué dices ante esta lógica aplastante si una vez más hay “un mundo” y “otro mundo”? ¿Cómo les explicas que una vez más el hombre occidental hipnotizado por la belleza de su gran ombligo ha jugado a ser Dios todo poderoso inmune a todo y a todos? ¡Nada! ¡No dices nada!

Nieves Márquez A.
Coordinadora de proyectos de Cooperación Enfermera FUDEN

Share This