«Las pandemias pueden ocurrir en cualquier continente, en cualquier momento, no avisan, no entienden de clases sociales, pueden ocurrir en países desarrollados y en vías de desarrollo, que ninguno está preparado…»
#OpiniónFuden.

Aida Fernández y Nerea Pinto.
Enfermeras. Alumnas del Experto de Cooperación Internacional de FUDEN

Tras acabar la teoría del experto en Cooperación Internacional, decidimos realizar las prácticas en terreno en República Dominicana. Ahí comenzó nuestra aventura. Estábamos muy ilusionadas por emprender este viaje, porque por fin íbamos a poner en práctica todo lo que habíamos estado estudiando y todo lo que habíamos aprendido de nuestros grandes maestros durante el año. Y no solo eso, sino que también este viaje nos iba a llevar a un crecimiento personal y cultural que nos iba a enriquecer en todos los sentidos.

Pero en lo que no pensamos fue en lo que nos íbamos a encontrar al llegar a República Dominicana, por dónde íbamos a transitar y de qué modo hasta regresar a casa, habiéndonos quedado sin poder realizar las prácticas y con el coronavirus en pleno auge.

A partir de aquí, os vamos a contar nuestra experiencia y sentimientos personales por los que hemos pasado en cada etapa.

Justo al irnos de España, el coronavirus solo estaba presente en China prácticamente, lo veíamos desde lejos, apenas lo podíamos palpar.

Al llegar a República Dominicana, llevando solo una semana allí, nos fue llegando información por fuentes externas (noticias, familiares, compañeros, amigos…) de que el virus se estaba propagando por toda Europa y por el resto de los continentes en cuestión de días.

No éramos conscientes de lo que estaba ocurriendo, al fin y al cabo, nosotras estábamos viviendo una realidad diferente.

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Centradas en conocer República, en saborear sus paisajes, en conocer su cultura, en integrarnos, pasó por completo el coronavirus a un segundo plano, mientras en España estaba a punto de declararse el estado de alarma. Las dos primeras semanas, nos sentíamos bastante decepcionadas con el ser humano, con lo que hemos construido.

Por una parte, nos removía el hecho de que en el desarrollo de República Dominicana fuese más importante el turismo del blanco que iniciativas para su propio crecimiento como país. Esto nos llevó a compartir nuestras vivencias en Kenia, Nicaragua, Chile, Marruecos, España… para llegar a una conclusión sobre lo que somos capaces de llegar los seres humanos y lo que podemos llegar a consentir mientras no nos afecte.

Por otra parte, estaba el coronavirus, del que nos llegaban noticias desde España, que nos parecían demasiado alarmistas. Llegamos a pensar que a Occidente solo le importa aquello que ocurre en Occidente, y a veces nada más allá de su propia frontera, y si esto lo extrapolamos a las personas, nos importa un pepino lo que le pase al vecino.

Esto ocurre a diario en otras partes del mundo en condiciones mucho más extremas y con escasez de recursos personales, estatales y sanitarios siendo auténticas tragedias. Y esto no sale a la luz, no se llega a vislumbrar, a nadie parece que le importe, pero ¿qué pasaría si ahora nosotros tuviésemos que migrar?, ¿qué pasaría si fuésemos nosotros ahora los que tuviésemos que cruzar la frontera en busca de un mundo mejor y no nos dejasen?, ¿qué pasaría si la tragedia fuese revertida?

Lo cierto es, que nunca nos lo habíamos planteado, y es triste porque hasta que no pasa algo que te hace plantearte y cuestionarte las cosas, no eres consciente de los que los demás pueden estar viviendo, por mucho que lo veas por los medios de comunicación (y eso lo poco que aparece…). Pero al final es lo de siempre, lo que no se ve no existe. Y ese momento es en lo que estábamos pensando, que en este mundo en el que vivimos, solo miramos al otro cuando su piel está a punto de rozar la nuestra, y hablamos de mirar no de ver.

Vivimos en un mundo cada vez más superficial, en el que el otro nos ha dejado de importar.

Todos estos pensamientos y emociones estaban dentro de nosotras, dando vueltas en nuestra mente, cuando de repente nos dieron la noticia de que todas las prácticas del experto quedaban canceladas y que empezarían a cerrar fronteras, cerrar aerolíneas y cancelar vuelos, debido a la rápida expansión del virus, y el colapso sanitario que eso implicaba. Compañeras nuestras, se iban a incorporar al viaje más tarde, por lo que aún no habían salido de España, sin embargo, nosotras llevábamos allí 20 días, quedando descartado el riesgo de estar contagiadas.

No lo podíamos creer, no éramos capaces de ver la realidad que nos rodeaba en ese mismo instante, ya que ese viernes 13 de marzo, nos encontrábamos en Bahía de las Águilas, disfrutando de sus playas antes de comenzar nuestras prácticas en terreno ese mismo lunes.

Al no tener riesgo de venir con el virus desde España, todavía teníamos la posibilidad de realizar las practicas sin el resto de nuestro equipo, pero estábamos decididas a ello, porque era para lo que habíamos llegado hasta allí y simplemente estábamos a un fin de semana de comenzar nuestro sueño. Pero las cosas se estaban poniendo feas, se murmuraba sobre el probable cierre de fronteras, es decir, si nos quedábamos nos arriesgábamos a no poder salir de República Dominicana en los meses que esto durase, y sin tener la certeza de poder realizar las prácticas en terreno, ya que nadie sabía cómo esto iba a evolucionar, pero la intuición nos decía que no muy bien.

Aquí empezó la tensión porque sabíamos que había que tomar una decisión, pero ¿cuál?, ¿cuál era la adecuada? ¿cuál era la correcta? Es más, ¿había alguna correcta? ¿Por qué nos teníamos que ir? Teníamos la sensación de estar en un país donde los problemas eran otros y no el maldito virus. Y si, ¿era otra alarma de los occidentales?, ¿hasta qué punto las medidas tomadas respecto al virus iban en proporción a su expansión?, ¿hasta qué punto era real que fuesen a cerrar fronteras? Esa sensación nos llenaba de impotencia y frustración. Estábamos bloqueadas.

En ese mismo instante, contactamos con el Ministerio, con familiares y con la directora de nuestro experto, Amelia Amezcua, para informarnos un poco más de la situación y lo que recomendaban al respecto.

Aún no sabemos si fue instinto o qué, pero tomamos la decisión de irnos sin ser apenas conscientes, con la intención de coger el primer vuelo regreso a casa. Algo no iba bien y algo en nosotras lo sabía, aunque nuestra conciencia no pudiese percatarse aún. Ese mismo viernes 13 del que os hablamos, hicimos las mochilas y nos fuimos tan rápido del hostal que percibimos la situación irreal. Tras más de 9 horas viajando en motoconcho, y varias gua guas, llegamos al aeropuerto. Una vez allí, fue imposible contactar con nuestra aerolínea, ya que estaban colapsados, no teníamos vuelo de regreso a casa y nadie nos lo pudo cambiar. Llegamos el viernes a eso de las 20:30h al aeropuerto y el primer vuelo a Bilbao salía a las 22:00h, pero no llegamos a poder cogerlo, y los precios se disparaban por momentos.

Estábamos muy cansadas y agobiadas por la situación, ni siquiera sabíamos si para el siguiente vuelo las fronteras ya estarían cerradas. Esa noche conseguimos un vuelo dirección España, para el sábado a las 17:00h. Dormimos en el aeropuerto y estuvimos todo el día allí hasta que llegó el momento de embarcar. Conseguimos llegar a Madrid tras otras 9 horas de vuelo y finalmente a Bilbao. Estábamos en casa, agotadas, desorientadas y sin comprender nada. Nos dimos cuenta de que regresar a casa a pesar de parecer misión imposible, si nuestra situación económica hubiese sido distinta, no hubiésemos tenido la opción de elegir donde quedarnos, ya que el coste para moverte entre continentes no es algo que todo el mundo pueda asumir. Sin dinero no hay opciones. Y pensamos en todas aquellas personas que no pueden volver a su hogar, que no tienen la opción ni de planteárselo, que no pueden salir de su país aun estando en conflicto armado, que no tienen recursos, ni medios, ni se les permite. Que haber podido regresar a casa había sido una suerte.

Que las pandemias pueden ocurrir en cualquier continente, en cualquier momento, que las pandemias no avisan, no entienden de clases sociales, que pueden ocurrir en países desarrollados y en países en vías de desarrollo, que ninguno está preparado.

Y aquí la situación es horrible, pero tenemos recursos, tenemos un sitio donde refugiarnos, comida para alimentarnos, agua potable con la que hidratarnos, un sistema sanitario público y potente. Y que esto nos enseñará a ponernos en la situación de todo aquello que sufre esto a diario con recursos limitados.

Que, a pesar de no haber podido realizar las prácticas en terreno en República Dominicana, tenemos la suerte de realizarlas aquí en nuestro país. Nos hemos dado cuenta de que no importa lo lejos que vayas o el destino que elijas, que hoy nuestra misión y profesión tiene sentido en cualquier lugar, y hoy es en nuestra casa.

Que todos somos lo mismo, personas; que todos necesitamos ayuda y comprensión por parte del otro, que esta crisis será un antes y un después en nuestras vidas. Que han sido las mejores prácticas que hemos podido tener.

Gracias por todo el apoyo y cariño recibido de nuestra directora del experto, gracias a todas nuestras compañeras, familiares y @migos que han estado con nosotros en este proceso.

TODO VA A SALIR BIEN

Aida Fernández y Nerea Pinto.
Enfermeras. Alumnas del Experto de Cooperación Internacional de FUDEN

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